12 octubre, 2011

Sentí su aliento febril




Se habían ido todas las estrellas; las mínimas y grandes, las unidas y dispersas,  como fuegos de feria.
Estaba sentada en el seno de la sierra, ni muy lejos ni muy cerca, sino todo lo contrario.
Bebía un refresco; no sé bien si de naranja, trina, o tal vez fuera una fruta exótica diluida en agua.
Oteaba su alrededor.
Me acerqué: cerca sin estar próximo.
Yo la veía como cuando miras con una lupa...mas demasiado lejos, inalcanzable.
A lo mejor o a la peor eran dos pasos...pero demasiados largos.
Ella dio la primera señal, y quedó a un palmo de mí; sentí su aliento febril, incandescente.
Retrocedí para dejarla pasar.
Sin pudor se paró frente a mí y me beso con resplandor.
La llama prendió. El desfiladero era tan estrecho que nos fundimos los dos.
Al final quedó un lucero, que poco a poco o mucho a mucho se evaporó sin decirme adiós.



28 septiembre, 2011

Rafael Taibo


Ayer no he recibido una de mis mayores sorpresas, sino la mayor, desde que a principios del año presente me incorporé a Internet, por medio de mi canal: www.youtube.com/luquiben. Fue la de ver que se había suscrito a él nada menos que mi admirado maestro: Rafael Taibo.
Recuerdan al comandante Cousteau y el Calypso en la serie "Mundo Submarino". La voz de dicho comandante es la de Rafael Taibo. Una voz personalísima, tierna o desgarradora, siempre adaptada al tema que en ese momento se trate.
Cuántas horas habré dedicado a escuchar al... presentador, doblador, actor, narrador, locutor, declamador, y no se cuantas cosas más, pero no ha sido en balde. No sé muy bien porqué razón a elegido mi humilde canal. Yo que apenas sé recitar, eso sí hago lo que puedo con todo el entusiasmo y la fe del mundo, y ahora viene este señor y de golpe y porrazo al parecer pierde su valioso tiempo en escucharme y verme.
No les parece a Uds. que no es para sentir una hemorragia de satisfacción cuando menos.

  A partir de este momento tendremos que esmerarnos mucho más, ya que vídeo que suba, vídeo que inmediatamente, recibe mi querido profesor a distancia, más le observo muy de cerca; cada frase, cada vocablo, cada risa, cada suspiro...


Vean esta página y verán de quién escribo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Taibo
o estas otras:
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/06/15/ciencia/1276598605.html
http://www.youtube.com/user/RafaelTaibo
y muchas más que les aparecerán con solo teclear su nombre.
Y mientras acceden voy a incorporar unos vídeos de tan fabuloso personaje.
Ya no me queda nada más que darle las gracias, y corresponder a todos con algunas de sus magníficas obras.



                                Rejas de hierro, rosas de grana...

24 septiembre, 2011

Personas que dejan huella


Hay personas que dejan una huella que parece difícil quitarse de la mente. Esto es precisamente  lo que me está ocurriendo con Paquito "el guía de fray Leopoldo" de Alpandeire (Málaga).
Una mañana decidí ir a visitar este pueblo y hacer un vídeo, compuesto de imágenes y escenas, para después subirlo a Youtube.
Nada más llegar y dejar estacionada "la chicharra", me asaltó sin más preámbulo un hombre más bien bajo, con una gorra, un calzón corto y una disposición a enseñarme todo lo concerniente a un personaje tan singular como es fray Leopoldo, pues aunque hace ya tiempo que murió, estos seres siempre permanecen.
Accedí a que me acompañará y enseñará cuanto se cocía en su querido lugar: dicho y hecho. Preguntó de dónde venía y acto seguido, sin dudar un solo instante se dirigió a la gente de Benarrabá con un saludo. Aquello me puso la carne de gallina,  subió la adrenalina y me pareció tan extraordinario el detalle que pocas veces he conocido un caso semejante.
Después fue recordando fechas -de la "Catedral de la Serranía" y otros datos -exactos, mostrando una profesionalidad, ¡qué ni los mismos guías del Museo del Prado! -que tantas veces he visto y escuchado le harían sombra. Callejeando me iba mostrando incluso donde podía tomar buenas vistas y donde no; me hizo una foto que ni un experto y, en todo su quehacer, ponía una sencillez, una sapiencia, un trato exquisito, un amor a cuanto le rodeaba, que cada paso, cada detalle, me hizo encogerme, empequeñecerme, esconderme; como se esconde un caracol en su concha.
Mi estupor llegó al máximo cuando le invité a comer o beber algo; serían sobre las 11,45 horas de la mañana. Aquí me expresó que deberíamos esperar hasta las 12, y así fue cuando a dicha hora un joven abría el bar. Aceptó una Coca-Cola y quiso saber a donde acudir para ver el vídeo. No me pidió nada, nada me exigió, nada me insinuó sobre propina o cosas por el estilo. Solamente quería ver Internet y estaba deseoso de ver el trabajo que habíamos hecho. Yo le dije que tardaría aproximadamente una semana...y pasaba el tiempo... y no me era posible hacer lo prometido.
Pocas veces me he visto más angustiado por no cumplir una palabra, por no estar a su altura. Aquel hombre había despertado en mí tal sentido del deber que me hizo sentirme mal, muy mal, aunque la causa no fuera mía, sino de las dichosas redes; de Internet, que fallaba una y otra vez.
Al final lo conseguí y fue entonces cuando una alegría inmensa me invadió. El "mejor guía" no se merecía menos.
Desde aquí, Paquillo, te envío un saludo afectuoso que ruego hagas extensivo a tu querido pueblo y a tu
guía espiritual fray Leopoldo.
Gracias por tu lección de humildad, por tu altruismo, por la humana humanidad que aquí se muestra y difícilmente podré olvidar.
Hay huellas que ni el tiempo es capaz de borrar. Son las que dejan personas tan entrañables, tan limpias, tan puras, tan irrepetibles, como tú, Paquito, que ahora me pareces muy alto...muy grande.













26 agosto, 2011

El filósofo de las estrellas



 
Mi amigo era un joven vago,  bastante vago en su madurez, y luego se hizo viejo y siguió de vago.
Su profesión fue "no dar un palo al agua”, que dice el vulgo.
La vida se le hizo difícil, más que difícil diría yo que le conocí muy bien que para eso era su colega; inhóspita, desapacible, como el peor día del mes de enero que es cuando nació, quizá sería el signo de Capricornio el que le marcó para siempre, porque además estaba como una cabra.
En plena madurez llegó a Marbella por aquello que por eso lares se oía que no pegaban golpe y se vivía a lo grande con un poco de imaginación y cara, y como la verdad de esto estaba más que “sobrao”, inmediatamente,  se identificó con los de Puerto Banús o similares. Con ese calor por el día, y en las noches la bohemia le llevó a hacerse aún más lento, se quitó la capa del poco stress que de Madrid traía y se hizo más precavido,  menos ambicioso, y sobremanera,  más lento, como “aplatanao”. Se dejó crecer la barba y con su buen decir contaba historias a altas horas de la madrugada a los que estaban “puestos” de una u otra forma, gente famosa y pija; le empezaron a llamar: “El filósofo de las estrellas”, porque ellos mismos se aplicaban el doble sentido,
Remolón,  contemplativo y cada vez más misterioso, pues nadie sabía muy bien como era capaz de subsistir si no se le conocía oficio ni beneficio. Lo único que descubrieron es que dormía en una cueva cerca de la playa, porque parece ser gustaba de contemplar la aurora.
Y que vivía con una hippy ya un poco pasada de rosca, quiero decir que estaba de vuelta.
Pensó que quizá si se fuese a pescar podría a la vez que reposar hacerse algún fado o alguna otra canción más o menos lenta que no requiriera un sobreesfuerzo; el remanso del río fue más rápido que él. Todas las poesías y canciones se las dedicaba a Karola, ésta después les ponía música y las cantaba por la plaza de los Naranjos y otros lugares próximos a los chiringuitos de la playa. Él la escuchaba ensimismado, sentado con las piernas cruzadas a estilo árabe, y no fue capaz  de pasar una vez el sombrero. Karola lo hacía siempre por él.
Una vez le preguntaron el por qué de esa desidia para el trabajo; sin pensarlo dos veces les interpeló: "Os parece poco trabajo intelectual el pensar constantemente en el futuro, en el porvenir que me espera mañana, cómo me las tendré que ingeniar para lograr mi supervivencia, ¡probar, probar a hacerlo y veréis que no es nada fácil, es probable que más de uno perezca en el intento, y que desde luego entraña saber mucho de la vida"!
Tuvieron que reconocer que desde luego esa persona tenía un mérito que a ellos les causaba terror. A partir de entonces le tomaron un respeto tan respetuoso,  que les infundía una especie de veneración.
¿Cómo era posible vivir al día, sin tener la seguridad de unos padres ricos, de una c/cte. sin preocupación de rojos, me refiero a los números,  la cartera llena de tarjetas de crédito, el trabajo...quién trabajaba, era en puestos de cuello blanco, y siempre una cama de sábanas limpias, repleta sexualmente, apetitosa e indolente?
Un día su amante se harto de amarlo,  de servirlo de caricias y le dejó cuando se afeitaba en un arroyo, con la cara llena de tajos sangrantes por hacerlo sin espejo, ya que éste también rompió su larga agonía, y un buen día se le escapó de las manos y se hizo añicos a propósito.
No se inmutó por tamaño abandono ni por no poderse contemplar. Había aprendido a complacerse  asimismo, a tener por espejo el arroyuelo, más amplio, que le enseñaba todo un cuerpo lleno de vida y profundidad. Ni siquiera arqueó una ceja en señal de asombro. Se encasquetó una gorra estilo miliciano hasta las mismas narices y decidió que lo mejor era echarse la siesta y esperar a que algún buitre le despertara.
 El buitre que le despertó volaba bajo, pero siguió durmiendo en la comisaria, hasta que el juez de turno se despacho enviando al sujeto en cuestión a la cárcel, por haberle aplicado la "ley de vagos y maleantes".
  Al poco tiempo la referida ley se derogó y el conocido por "filósofo de las estrellas", volvió a dar sus mejores galas en las noches interminables de Marbella, donde sus seguidores ya se contaban por miles.
Su compañera Karola había saltado a la fama y acudiendo al evento de su presentación le dedicó la canción de amor más auténtica que jamás se escuchó:
"La verdad eres tú, la paz y la libertad...", comenzaba. Por los años setenta Karola, la del espíritu rebelde murió, y también parte de su antiguo compañero y amigo. Fue la única vez que se le vio llorar.
Cuando alcanzó la vejez, no le dio por eso de complicarse la vida y menos con su experiencia; aun fuera vendiendo en el “Rastro de Cascorro”, que por ahí suelen terminar  muchas veces los que quieren pausar el vuelo, para alcanzar el tedioso final. Pues nada, ni eso. Él se movió menos que la estatua del famoso soldado.
Estuvo en la movida de Tierno Galván, por la Plaza del Dos de Mayo. Allí, tampoco se afanó demasiado. Por aquel entonces  conoció a los Sabinas, Alaska, Tino Casal, Radio Futura, Loquillo.. y muchos más cantantes y músicos, aparte de gente de las artes y las letras - estaba en plena "movida madrileña incurso- que se esforzaban cada día por salir a flote. Algunos ya sabían incluso nadar del empeño que pusieron. Al individuo en cuestión todo le parecía bien, todo menos arrimar el hombro. Si no lo hizo de joven, quién le iba ahora a exigir tamaño disparate, ¡Un disparate!, eso es lo que le pedían los insensatos de siempre.
Por fin tomó una determinación determinante: "trabajaría", se dijo para sí, "y que sea lo que Dios quiera".
Se compró una silla y se sentó en el Rastro Madrileño. Miró la escultura de Rodín, le copió el gesto a aquella, la postura, el semblante, el rictus y...se embadurnó de blanco, quedándose tan estático como la figura. A los pies puso la gorra de miliciano.
Aquello fue el asombro de cada domingo mañanero madrileño. Hasta Cascorro se descubrió ante tal descubrimiento, lleno de cultura y de ingenio.
 Por las noches antes de irse a dormir bajo los soportales de la Plaza Mayor, exponía su Serena Majestad
ante los curiosos paseantes, y sin saber que anteriormente era ese su apelativo le empezaron a llamar "El filósofo de las estrellas".
Y así tuvo un sueldo fijo, cómo algunos querían, trabajando, pero a la vez lo hacía pensando que era como a él le gustaba manifestarse, porque odiaba hasta esa palabreja maldita, que tanto trab...le costaba decir.
Todos quedaron la mar de contentos, a pesar que "El filósofo" no podía sonreír ni menos reír, porque no sería de recibo que aquella imagen quedara por un momento fuera de lugar y defraudara a sus eternos seguidores.
De tanto posar de la misma manera - ya dormía en la misma postura -, se volvió taciturno e inexpresivo, y una mañana del mes de enero, apareció congelado, blanco de la nieve que le había caído encima.
No era necesario ponerse tanta tiza molida y mascarilla, había logrado lo máximo, lo único, lo que nadie había logrado realizar. Todo fue pensando...y pensando. 
La quietud del personaje era tan real que los clientes decían que estaba llegando a la perfección, que no se le veía ni respirar ni dar en al mínimo respingo; la gente lloraba al contemplarlo y se hizo una cola inmensa, casi interminable. La gorra es lo único que de vez en cuando limpiaban y el dinero recaudado, que entregaban al dueño del bar de enfrente para que posteriormente le fuera entregado; cuando tuviera a bien dejar su tarea.
Hasta que no salió el sol al cabo de dos semanas y la figura se empezó a derretir, sus seguidores y las distintas autoridades y público en general no se enteraron  que llevaba muerto por congelación, tieso como la mojama, la friolera de quince días y nueve horas, con catorce minutos.
Murió como vivió, pensando... y de esa manera se le recordó por siempre, cómo un filósofo, tan necesario para la sociedad como el primer ilustrado y currante.
 Dejó escrito su última voluntad ante notario que fue: "...y se me entierre de la misma forma que muera". Así se hizo, por tanto se le dio sepultura como más abajo se muestra. Un poco incómoda, la verdad, pero ya sabemos que este hombre era un tanto especial, y por añadidura ya llevaba cierto tiempo practicando, que todo lo tenía muy elaborado...digo pensado.

El pensador - RODÍN