22 abril, 2012

En busca de la verdad

La verdad o la falsedad - Alfred Stevens
Para contar no es necesario meter el dedo en la herida, es decir; no hay que abusar de la miseria humana que nos lleve a perder los estribos, a martirizar incluso al que se pudo equivocar, a perseguir, culpar o condenar con toda la inquina, el rencor u odio al malhechor.
Hay que contar la verdad, para ello es necesario aportar datos contrastados, sin eufemismos, tampoco con exageraciones, paso a paso, con el máximo detalle, -con pelos y señales- y que solamente sea nuestra meta la de llevarnos a un final esclarecedor, donde no haya lugar a la duda y nos permita conocer que es lo que exactamente ocurrió, sin dejarnos influir jamás por ninguna circunstancia que pueda alterar esa búsqueda imparcial, limpia y justa. El que busca o dice la verdad va a pecho descubierto y no teme o debe temer lo que le pueda venir encima, porque siendo aquella poderosa nada es capaz de vencerla, ni el más tirano ni el más abyecto personaje.
Hay que conceder también a la otra parte su libertad a poderse defender, a negar si hubo manipulación, estando en su derecho si ve en algo que pudiera ser una villanía contra su persona o grupo, denunciarlo en su caso con las consiguientes indemnizaciones por daños y perjuicios. Que sepa el difamador, injuriante o maledicente que no puede ir libremente por la vida montándose su novela o su película. Si lo que cuenta es una patraña, lo de “irse de rositas”, nada de nada. Este sujeto o sujetos son los que mayor daño hacen a la sociedad, porque a conciencia la sublevan, la deforman, la engañan y pueden llegar con su conducta a condenar a un inocente.
Las generalizaciones sobran y en una acusación “nunca se podrá tirar la piedra y esconder la mano”, cosa que a menudo ocurre, y se habla o se escribe en una gran mayoría de las veces, “se dice el pecado y no el pecador”, y aquí ese juego no vale, por lo menos a mí no me vale. Quién se esconde detrás de ¿…alguien, hay personas…algunos, etc.?, no merecen mi respeto y veo la cobardía y la falsedad intrínsecamente unida. Cuando esto último ocurre por sistema, lo contemplo como un complejo de inferioridad.
Es fácil sacar a la luz una oscuridad, alumbrar y demostrar sobre todo lo que algo está todavía en el fango, desenterrarlo; pero también es muy fácil caer en ese cieno, embarrarse, y ser prisionero de su ego, por haber querido ser un héroe o un valiente, y haberse convertido solo en un insensato, en un osado irresponsable, precipitado hacia la  calenturienta ligereza y la colérica venganza.
Desde luego si por algo admiro a Antonio Muñoz Molina es porque al leer sobre todo sus artículos, desde 1990 hasta hoy, aparte del valor narrativo, ya que un día sí y otro también son una denuncia generosa y valiente, pero con acumulación de datos, bien sea de obras o de nombres continuamente; y cuando piensas que claro ha sido o que coraje tiene este hombre, a mí no me extraña nada: pues lo he visto torear en plazas más duras a miuras con malísimas intenciones, ¡vamos!, “resabiaos”.

                            

Tiempo de contar

EL PAÍS
IDA Y VUELTA


Óscar Jaenada en una imagen de la película 'Todos estamos invitados',de Manuel Gutiérrez Aragón.

Hay que ponerse a contar. A contar en el sentido aritmético y en el sentido narrativo. Hay que contar para recordar y hay que contar para comprender, y hay que contar también para que el recuerdo y la comprensión de lo vivido por otros se transmute en experiencia personal de esa manera íntima que quizás sea posible a través de la literatura, o de esa forma de novela visual que es el cine. Hay que contar exactamente lo que pasó y hay que empezar a hacerlo ahora que todavía viven y están lúcidos la mayor parte de los protagonistas, los testigos, las víctimas no ejecutadas. Hay tiempo, pero es urgente. Y no solo porque, como reflexionó con tanta melancolía Primo Levi, la memoria es falible y se debilita a cada momento. Hay que contar para que no se imponga la tergiversación y para que los verdugos y los responsables no cuenten con ese eficaz aliado del crimen, el olvido.
Hay que contarlo todo, desde luego. No se mata ni se tortura a nadie, ni a quien ha matado o torturado. Y hay que contarlo todo no por equidistancia sino por amor a la verdad y porque sin el recuerdo completo no es posible ese logro tan difícil, y sin embargo tan necesario, la reconciliación, o al menos la convivencia razonable. Hay que contar el número de los asesinados, de los perseguidos, de los chantajeados, de los expulsados, de los torturados. Es importante la máxima exactitud posible de las cifras para hacerse una idea de la magnitud de la epidemia. Hay que saber cuántos se fueron porque ese número es un indicio del éxito de quienes mataban o acosaban para limpiar el censo electoral de votos hostiles. Habría que saber, pero no es posible, cuántos que deberían haber alzado la voz eligieron callar; cuántos fingieron aquiescencia con la conformidad impuesta por los criminales; qué porcentaje de gente hace falta que se someta o que calle para que una comunidad entera quede sometida, sobre todo en esos lugares donde se conoce todo el mundo y no es posible el refugio del anonimato: un claustro de instituto o de facultad, por ejemplo, un pueblo pequeño, una empresa. Es relativamente fácil contar el número de los asesinados, los heridos, los mutilados para siempre, pero no puede hacerse el censo fiable de todas las vidas que quedaron destruidas o dañadas por la lenta onda expansiva de cada crimen, que prolonga su efecto, invisible desde fuera, a través de los años y de las generaciones.
Hay que contar para recordar y hay que contar para comprender.
Para saber algo sobre eso hace falta la otra forma de contar: la narrativa. España es un país en el que se reivindica la memoria tan perezosamente, tan retóricamente, que los mayores esfuerzos tienden a hacerse cuando quienes pudieron y debieron contar están ya muertos. Hace falta levantar el gran archivo oral de todos los que han sufrido, los que han vivido para contarlo, los conocidos y los desconocidos, los iletrados y los filósofos, cada uno de ellos depositario de una tesela en lo que será el gran mosaico de una historia monstruosa, y quizás también ejemplar. Algo tienen siempre en común todos los verdugos ideológicos, los intoxicados por la religión y los intoxicados por el milenarismo político, y los peores de todos, los que de un modo u otro han combinado los dos, y por lo tanto han matado todavía con más convicción, porque se aseguraban la salvación de las almas al mismo tiempo que creaban el paraíso sobre la tierra: tienen en común que no ven personas individuales, sino grandes grupos humanos, abstracciones sagradas y abstracciones repulsivas, masas que merecen la salvación o masas que merecen el exterminio. Ven al proletariado, ven a la raza, ven al pueblo, y los ven en una apoteosis de beatitud o de maldad, ven a la comunidad de los fieles o a la de los infieles, pero más allá no ven nada, y si se fijan en alguien en concreto es para verlo como la representación de algo, de alguna clase de identidad colectiva, y a continuación lo idealizan o le pegan un tiro, lo abrazan o lo expulsan, pero siempre sin fijarse mucho, porque padecen una extraña aflicción ocular que les impide distinguir rasgos individuales, o porque consideran que esos rasgos carecen de importancia.
De modo que frente a las abstracciones hay que levantar las identidades personales y los nombres, meticulosamente, y para eso nada más útil que las artes narrativas, las novelas y los cuentos y los libros de memorias y las crónicas, los documentales y las películas de ficción. Otra cosa que tienen en común los verdugos y sus cortesanos es la facilidad para el olvido, la urgencia casi jovial por “pasar página”, por “mirar más hacia delante y menos hacia atrás”, etcétera. No hay injurias más fáciles de olvidar que las que han sufrido otros, sobre todo si es uno mismo el que las ha cometido. Y como también explicó Primo Levi, los que han cometido crímenes o han sido cómplices tienen la extraordinaria facultad de convertir la mentira sobre el propio pasado en recuerdo verdadero. Cuanta más información haya, cuantos más testigos hablen, cuantas más historias se cuenten, más difícil será que prevalezca la mentira o que se imponga demasiado pronto el olvido.
Algo que tienen en común los verdugos y sus cortesanos es la facilidad para el olvido.
Cuando uno está lejos le afectan todavía más ciertas historias. Me acuerdo de la pena inmensa de ver hace unos años en el Centro Rey Juan Carlos de Nueva York el documental de Iñaki Arteta sobre algunas de las víctimas menos conocidas del terrorismo, Trece entre mil. Y esta semana he revivido ese mismo desgarro viendo en el Cervantes, que dirige ahora con energía recobrada Javier Rioyo, la película de Manuel Gutiérrez Aragón Todos estamos invitados, y escuchando a dos novelistas que han escrito con claridad y potencia literaria sobre las vilezas más sórdidas de las que se alimenta el terrorismo, José Ángel González Sainz y Fernando Aramburu. Gutiérrez Aragón muestra cómo el crimen, el chantaje y el miedo pueden coexistir fluidamente con los rituales de una sociedad próspera en la que el pistolero y su víctima viven sumergidos en una misma y vaga zona gris en la que se confunden los cómplices, los instigadores de manos limpias, las personas decentes pero cobardes, los indiferentes, los distraídos. En Ojos que no ven, González Sainz hizo una crónica de lo real que tiene por dentro una armazón de fábula. Años lentos, de Fernando Aramburu, es una novela construida con esa infrecuente destreza que alía la transparencia y la complejidad: una novela sobre gestaciones más o menos frustradas —la de una criatura, la de un joven terrorista— que trata también de la gestación de una novela. Los “años lentos” son los del declive a la vez desganado y siniestro del franquismo, ese pasado ya remoto que en las páginas de Aramburu nos da escalofríos a quienes lo conocimos, un tiempo de torturadores bronquíticos de tabaco negro y palillo de dientes y de sotanas lúgubres que empezaban a bendecir a los pistoleros tan untuosamente como recibían bajo palio al viejo tirano sanguinario.
Para esto vale el oficio al que nos dedicamos: para que nada se quede sin contar.
Trece entre mil. Una herida abierta (2005). Iñaki Arteta. www.treceentremil.com. Todos estamos invitados (2008). Manuel Gutiérrez Aragón. www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/gutierrezaragon. Ojos que no ven. José Ángel González Sainz. Anagrama, 2010. Años lentos. Fernando Aramburu. Tusquets, 2012.
antoniomuñozmolina.es
Manuel Gutierrez Aragón

19 abril, 2012

La Segunda República como vanguardia

El magistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Mallín en el acto víctimas del franquismo
El País
TRIBUNA

La democracia española es el producto de la lucha de los partidos y sindicatos que la construyeron en una época difícil



Durante 40 años los vencedores tuvieron tiempo de falsear la realidad adaptándola a su propaganda. Sostuvieron, hasta la náusea, que la República fue un periodo oscuro y nefasto de la historia española que trató de inocular a los buenos ciudadanos las ideas libertarias y ateas con el único propósito de aniquilar la esencia de la nación española, versión tridentina. La España que alumbró la II República no era un exótico y aislado producto generado por nuestro pasado histórico, estaba inmersa en un contexto internacional que no puede ser ignorado.
En Francia gobernaba un Frente Popular claramente inclinado hacia la izquierda. En Alemania, la República de Weimar se desmantelaba ética y políticamente abriendo paso al nazismo. El Reino Unido, todavía potencia colonial, se había entregado en manos de los conservadores temerosos de la pujanza de la Revolución Bolchevique.
En este mosaico, los políticos republicanos españoles tenían que desarrollar su estrategia. Las tensiones y la violencia no eran distintas de las que se vivían en Europa. Trataron de recuperar el tiempo perdido y dotarse de un texto constitucional al que nadie puede negar su profundo contenido democrático.
Para evitar juicios de valor precipitados, conviene detenernos en abril de 1931 y, a partir de este momento, analizar la realidad política que reflejaba la configuración de la sociedad española en estos momentos. Las fuerzas políticas que salieron de la voluntad popular reflejaban un mayoritario sentimiento republicano como única vía para sentar las bases de una democracia avanzada.
El texto constitucional de 9 de diciembre de 1931 nos situó en la vanguardia de los países de tradicional cultura democrática. Por primera vez en nuestra historia, se proclama que la soberanía reside en el pueblo del que emanan todos los poderes de los órganos de la República. Se incorporan a nuestro ordenamiento jurídico las normas internacionales que tenían su origen en el Convenio de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra. Por obra y gracia de unos legisladores avanzados y profundamente implicados con los valores universales de la democracia.
Los poderes políticos, comenzando por el jefe del Estado, deben tributo y reconocimiento a nuestro más inmediato eslabón democrático
Anticiparse en más de 15 años a las modernas corrientes del Derecho Internacional consuetudinario, nacido en Nuremberg, creo que debe ser anotado en el haber de los constituyentes republicanos.
Pero no se agotan en este punto los avances pioneros del texto constitucional. Se reforzaba la unidad del Estado de forma semejante a nuestra actual Constitución. Se deslindaban las competencias entre el Estado y las regiones marcando sus límites de forma tajante: “En ningún caso se admite la Federación de Regiones Autónomas”. Compárese con el actual articulo 145 “En ningún caso se admitirá la Federación de Comunidades Autónomas”.
Las tesis dictatoriales, asumidas por sedicentes demócratas, sostienen que la Constitución republicana pretendía disolver la familia tradicional. Pueden repasar su texto y comprobar que la familia estaba bajo la salvaguardia especial del Estado, admite el divorcio pero es inflexible con la obligación de alimentar, asistir y educar a los hijos. El Estado se comprometía a prestar asistencia a los enfermos y ancianos y protección a la maternidad y la infancia, haciendo suya la “Declaración de Ginebra” que contiene la tabla de los derechos del niño. Como puede verse, todo un proyecto disolvente y destructivo de la dignidad de España.
Regula la expropiación forzosa con criterios semejantes a los de la actual Constitución y añade que, en ningún caso, se impondrá la pena de confiscación de bienes. La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria y se establece una especial protección para los campesinos y los pescadores.
La revolución cultural pendiente se pone en marcha. La alfabetización es una prioridad y la difusión de la cultura a todos los estratos sociales un objetivo en el que se compromete la intelectualidad española. La enseñanza pública alcanza a todos los niveles. La poesía vive un segundo siglo de oro. No hubo tiempo para conseguir los objetivos. Los intelectuales comprometidos vivieron la cárcel y el exilio, si habían conseguido salvar su vida.
Las posiciones equidistantes entre la República y la Dictadura degradan el debate político limitándolo a un insoportable conflicto entre vencedores y vencidos en una guerra civil desatada por los golpistas militares. El aparato político-legislativo de la Dictadura se derogó expresamente por la actual Constitución. Ninguno de sus materiales podía ser aprovechado por resultar absolutamente incompatibles con los principios democráticos. La democracia española no surge de la nada, es el producto de la lucha de los partidos políticos y sindicatos que construyeron la II República junto con nuevas generaciones que ansiaban las libertades que disfrutaban sus conciudadanos europeos. Fueron arrebatadas por la fuerza de las armas y secuestradas durante 40 años por un régimen cruel hasta el final de sus días.
Sin pasado no hay mañana. Los poderes políticos, comenzando por el jefe del Estado, deben tributo y reconocimiento a nuestro más inmediato eslabón democrático. Sepultar, con todos los honores, los restos del presidente Manuel Azaña “en esta tierra que nos ha de cubrir a todos sería un buen paso hacia la dignidad democrática y el mejor homenaje a nuestros republicanos.
José Antonio Martín Pallín es magistrado del Tribunal Supremo. Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas.

16 abril, 2012

¿ Dónde está la cabeza de Goya?

Goya
De la revista MUY INTERESANTE
No es difícil imaginar la sorpresa que se llevaría Joaquín Pereyra, cónsul español en Burdeos, cuando, tras presenciar la exhumación del cadáver de Francisco de Goya, se dio cuenta de que al ilustre pintor le faltaba la cabeza.

Pereyra había encontrado la tumba de Goya en una de sus visitas al cementerio de Burdeos donde descansaba su difunta esposa. El pintor había sido enterrado junto a los restos de su consuegro Martín Miguel de Goicoechea en un mausoleo y Pereyra, tras el descubrimiento, decidió tramitar el regreso de los cadáveres a España. Tras la exhumación, el cónsul informaba consternado que la cabeza del pintor no se encontraba en el féretro. "Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya, por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc, y además haberse encontrado restos de un tejido de seda de color marrón, que debe ser los del gorro con que se presume fue enterrado Goya", relataba.

A pesar de todo, los restos de Goya fueron trasladados a España, pero la desaparición de la cabeza del artista aún sigue siendo un misterio. La hipótesis más aceptada es que alguien asaltara la tumba y robara su cráneo para hacer estudios frenológicos. La frenología, una pseudociencia que pretende adivinar rasgos de la personalidad y tendencias criminales a partir de la forma del cráneo, estaba muy en boga en la época de la muerte del pintor. De hecho, algunas teorías apuntan a que Goya accedió a que su amigo Jule Laffargue le cortara la cabeza después de muerto para realizar el correspondiente estudio frenológico.

Otras investigaciones revelan la existencia de un cuadro del pintor Dionisio de Fierros en cuya parte trasera se leía la inscripción "El cráneo de Goya pintado por Fierros en 1849". Al parecer, un nieto de Fierros afirmaba que su abuelo tenía en el estudio una calavera que bien podría ser la del artista. El cráneo podría haber acabado en Salamanca, ciudad donde uno de los hijos de Fierro se licenció Medicina. Según esta versión, el estudiante, sin conocer que los restos óseos eran los de Goya, se los dio a comer a un mastín que le perseguía por las calles de la ciudad.
Mientras que los demás restos mortales del pintor descansan hoy en la ermita de San Antonio de Florida, en Madrid, el destino final de la cabeza de Goya sigue siendo un misterio.

El devenir


Las circunstancias de la vida te exige algunas veces hacer un trabajo o tomar una determinación que no es la que nos gusta o deseamos, mas llegará un día que se te presentará la ocasión posiblemente de cambiar. Si te percatas de ese momento, y tienes el suficiente coraje para intentar modificar el transcurso de la manida corriente, tu vida,  tomará otro rumbo, no sé sabe nunca si mejor o peor;  pero la satisfacción de haberlo intentado será inmensa y esa duda o temor que mantenemos muchos ante lo que pudo haber sido y no fue, al menos se habrá disipado por siempre, y para tu paz interior no habrá mejor compensación.
Cuando las cosas se hacen además con gusto, ya sea realizar un trabajo o elegir tu rato de ocio, ese placer no hay quien te lo pueda arrebatar y apenas notas el esfuerzo que realizas. Esa es la sensación que yo experimento cuando estoy enfrascado en el apasionante mundo de los libros o cualquier otra faceta que me cautive, y por regla general tiene otro añadido positivo: que la obra suele salir más que regular.
Así le pasa a mi amiga Susanna que en su devenir cada vez hace mejores videos, como este que acabo de recibir y que os regalo con mucho gusto.

15 abril, 2012

"Creo que no hay vida inteligente extraterrestre"

De la revista MUY INTERESANTE
En 1972 se lanzaba el Apolo XVI, la quinta misión tripulada a la Luna y que fue considerada una de las más fructíferas por la cantidad de experimentos científicos y muestras geológicas que se recogieron. A bordo de la nave viajaba Charles Duke, quién, a sus 36 años de edad, se convertiría en el astronauta más joven en pisar la Luna. Ahora, 40 años más tarde aprovechamos su paso por la exposición "NASA, la aventura del espacio", para charlar con él.

Muy Interesante: Astronauta, ¿se nace o se hace?
El astronauta no nace, se hace. Cuando yo era pequeño no había programa espacial, ni astronautas, yo no me imaginaba que algún día iría a la Luna. Pero me encantaba la aviación, ¡quería volar! Y cuando me convertí en piloto ya había un programa para astronautas. Yo era muy joven, y pensé que un viaje al espacio sería el vuelo más fantástico que podría hacer, así que comencé a prepararme.

Muy Interesante: ¿Qué pensó cuando vio a Armstrong pisar la Luna por primera vez?
Nos comunicamos cuando aterrizaron en la Luna. Yo estaba muy emocionado y orgulloso pero también fueron momentos de nervios, había pocos segundos para aterrizar. Hicieron un buen trabajo.

Muy Interesante: ¿Y que sintió cuando la tragedia del Apollo XIII casi termina con la vida de todos los astronautas?
Yo estaba en el equipo como suplente, por lo que me sentía muy cercano a la tripulación del Apollo XIII y al desarrollo de la misión. Todo terminó bien, pero fue un duro trabajo.

Muy Interesante: Usted pisó la Luna en 1972, ¿cuál es su mejor y su peor recuerdo de la misión?
Mi mejor recuerdo es el aterrizaje. Llegué a una zona donde no habíamos estado nunca, y todos los objetos que se apreciaban desde las fotografías eran mayores de 15 metros. Sin embargo, en la Luna hay un montón de "problemas" que miden menos de 15 metros: cráteres, rocas... así que la maniobra de aterrizaje fue muy dinámica. El peor recuerdo es del momento en que nos íbamos de la Luna, no era capaz de coger impulso para saltar a la nave. Pasé miedo, pudo ser un desastre pero afortunadamente lo solucioné y todo fue bien. No me maté... ¡pero podría haberlo hecho!

Muy Interesante: Hay muchas curiosidades sobre los viajes espaciales, pero una de las más habituales entre nuestros lectores es: ¿por qué andáis dando saltos?
Como tienes poca gravedad y las botas son rígidas no puedes caminar normal. Tienes que ir dando pequeños saltitos, con los pies juntos, o paso a paso, dependiendo de si subes o bajas por una colina.

Muy Interesante: En esta exposición podemos ver las naves, objetos, trajes, comida... con los que ustedes viajaron... ¿Qué siente cuando los ve aquí expuestos?
Las maquetas son muy buenas, se trata de un despliegue muy realista que me hace recordar las 72 horas que pasé camino de la Luna y el momento en el que la vimos por primera vez, con todos sus cráteres... Me hace pensar en todos los hitos que conseguimos y me trae muchos buenos recuerdos el ver todos estos objetos aquí expuestos.

Muy Interesante: ¿Cómo se siente cuando contempla la Luna desde su casa?
Actualmente yo miro la Luna y me siento satisfecho por lo que fui capaz de hacer. De todas formas todavía la veo de manera romántica, a mi mujer y a mí nos gusta mucho estar al aire libre contemplando la belleza de la Luna.

Muy Interesante: Muchos lectores escépticos nos han preguntado sobre si fue realmente cierto que el hombre pisó la Luna. ¿Cómo les convencería?
La manera más corta de hacerlo es ir a la web de la NASA y buscar Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO). Allí hay toda una serie de fotografías en las que se ven los lugares de aterrizaje del Apollo, las huellas... así que es obvio que estuvimos en la Luna. Y, si fingimos llegar a la Luna, mi pregunta es: ¿por qué lo fingimos tantas veces? Fuimos a la Luna en nueve ocasiones, aterrizamos seis. Además, tenemos unos 3.000 kilos de rocas únicas que no se encuentran en la superficie terrestre. Todo demuestra que estuvimos allí.

Muy Interesante: Uno de los argumentos de este grupo de escépticos es que el hombre no ha pisado la Luna en los últimos años ¿Por qué no hemos vuelto?
Realmente el hombre sí que ha vuelto, tenemos naves orbitando a la Luna desde entonces. De todas formas sido una decisión política, técnicamente podemos volver a la Luna si nos gastamos el dinero, pero la opción en EEUU y en el resto del mundo ha sido no hacerlo. Yo creo que es un error porque si lanzásemos un programa para ir a la Luna o a Marte podríamos desarrollar nuevas tecnologías, estimular la economía... pero repito que ha sido una decisión política.

duke222Muy Interesante: Entonces usted no está de acuerdo con la reducción de presupuesto para la exploración espacial...
No, no lo estoy. Yo creo que deberíamos tener un gran programa espacial y crear tecnologías que pudiéramos usar por todo el mundo en el futuro. También favorecería la creación de empleo... un programa espacial potente mejoraría la economía y es relativamente barato si lo comparamos con otras cosas.

Muy Interesante: ¿Retrasará mucho esta disminución del dinero la llegada del hombre a Marte?
Creo que sí. Necesitamos adquirir más experiencia en viajes espaciales. Por ejemplo, montar una estación en la Luna en la que podamos vivir algunos meses y desarrollar los sistemas que necesitamos para sobrevivir en el ambiente de radiación, en un viaje de larga duración hacia Marte... necesitamos más experiencia cerca de la Tierra. Desde la Luna tú puedes comunicarte, decir: "Hola Houston", y recibir una respuesta instantánea. Mientras que si tú estás más lejos y tienes un problema no puedes comunicarte de forma tan rápida. Esta es mi opinión, pero otros astronautas creen que deberíamos ir directos a Marte al igual que lo hicimos con la Luna. Iniciamos la misión a la Luna con 15 minutos de experiencia en el espacio: Alan Shepard. 15 minutos y el presidente Kennedy dijo: "Vamos a la Luna". Y lo hicimos, así que quizá podríamos hacer lo mismo con Marte.

Muy Interesante: Muchos científicos buscan agua en otros planetas como evidencia de que puede existir vida fuera de la Tierra. ¿Cree que existe vida extraterrestre? ¿Cree que puede ser inteligente?
Desde luego que, si hay vida extraterrestre, esta no sobrevive sin agua. Así que buscamos agua en Marte y en otros lugares para comprobar si son sitios apropiados para iniciar la vida. Cartografiando el espacio no es posible saber si hay vida o no la hay. La NASA está gastando mucho dinero en buscar inteligencia extraterrestre, estamos escuchando con telescopios gigantes y aparatos del estilo... y espero que alguien diga "¡Hola!" algún día.

Muy Interesante: ¿Entonces usted cree que sí que existe la vida inteligente?
Mi opinión personal es que no existe, pero es mi opinión así que...

Las Musas

Atenea junto a las musas -Frans Floris (c.1560)

La inspiración brota cuando menos te lo piensas, por eso no se trata que  estés sentado horas y horas delante del ordenador persiguiendo realizar la obra, -la obra es tan caprichosa, que acaso pida un  tiempo muerto - puede que sea mejor darse una vuelta o un paseo y a lo mejor al volver del mismo, la chispa ésa se enciende, un flash nos ilumina y nos lleva a un estado tan involuntario como es haber producido algo que nunca llegamos a imaginar. Entonces brotando de la corriente del azar y tempestuosamente sin motivo ni razón llega uno mismo a no reconocer el desconocido camino a dónde ha ido a parar que…, ni por asomo nunca hubiera pensado de principio.
El trabajo del subconsciente es un protagonista principal en el proceso; desde luego en la ciencia cuando digamos se llega a producir “el milagro”, mucho antes han habido muchas horas de trabajo y de investigación.
De múltiples ejemplos está la historia llena, que por supuesto no es necesario recordar.
Tema profundo el de hoy, por lo que ya no me explayo más; la musa Karola a mí me ha dejado -ingrata perversa-; ¡mira en qué grave estado!
Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen
o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente
a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?
Virgilio – Eneida I