10 marzo, 2012

Versión original


De siempre el hombre ha contado alguna historia y de una u otra forma quiso dejar ahí.
No creo que haya un decálogo para escribir, ni siquiera que haya unas pautas preconcebidas. Que surjan las palabras con más o menos coherencia amenizando el tiempo es lo que a mi entender hace posible un buen libro; sea una novela, un relato o un artículo.
Si hasta ahora usted no lo hizo anímese, y explique cómo usted sabe decir aquello que conoce; que tuvo experiencia, que visitó, padeció, maldijo o simplemente leyó. Pruebe y verá que no le resultará tan difícil y mucho menos imposible.
Que la mejor forma de narrar sea la ficción como alguien ha dicho aventurándose a relatar aquello que no has vivido o conocido me parece muy bien, pero quizás no lo mejor.
Cuando la ficción se busca, se busca también la vida. Que aparezca ésta cuando menos se piensa es posible. Hay cantidad de ejemplos: “De la Tierra a la Luna” y tantas otras obras de Julio Verne no han venido nada más que a corroborar lo que ahora escribo. Sí, han tenido que pasar muchos años, pero sucedía que estaban sin descubrir o si se quiere sin despertar aquellos inventos que han hecho posible lo que hoy es cotidiano.
De la vida misma es de donde se pueden y se suelen extraer las mejores vivencias, por ser auténticas, creíbles, llegando a ser más más de fábula, más sangrientas y si se quiere más crueles que las que imaginadas o fingidas.
Antonio Machado escribió: «Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa».
Por eso no me gustan los contadores o tertulianos de la TV, porque se escuchan ellos mismos, despilfarrando tiempo y palabras en una borrachera demagógica que solo sirve para engatusar a los que oyen lo que quieren escuchar, no lo que deben de oír.
Estas personas que te hablan lo mismo de economía, que de política, historia, medicina, deporte, música…, y hablan y hablan y hablan y no se paran ante ningún conocimiento del ser humano. Son los más analfabetos, porque en realidad saben muy poco de los intríngulis de la vida, de lo contrario no hablarían a la ligera y superficialmente de todas las cosas; tendrían sus dudas, vacilarían, como les ha ocurrido siempre a los grandes sabios.
Hay que saber menos para contar más y mejor, tenerlo muy claro, saber dónde está y cuál es el tornillo que hay que apretar.
Ahora tengo que abandonar la casa para ir a la plaza, el mentidero de la villa, y allí nada más llegar preguntar: “amigos que os contáis”, y aunque responden que “nada”, o “aquí estamos matando el tiempo”, inmediatamente sacaremos a relucir la última miseria o algún inocente chascarrillo.
La comunicación es un tren que sigue sin tener estaciones fijas ni apeaderos.

09 marzo, 2012

Pasión por el flamenco

Simón y Luciano
Manuel y Luciano




Una de mis grandes pasiones es el flamenco. De ahí que hoy desvíe mi comentario sobre este arte tan sublime, declarado “Patrimonio de la Humanidad”.
Para que Vds. sepan por donde va el tema les diré que hoy ha mostrado la canción "Los cuatro muleros" el gran escritor Antonio Muñoz Molina y al hilo de ello yo he comentado lo siguiente: 
“Los cuatro muleros” en Pepe Marchena o Niño de Marchena me parece la mejor versión de todas las escuchadas; con qué gusto canta deleitándonos, sin estridencias, introdujo en el cante el recitado y como todo lo que se hace con sencillez resulta muy difícil imitarle. Mezcló estilos y se le conoció como “la vieja” por su constante estar con los mayores para oír sus voces y aprender de ellas.
Fue un innovador y rompió moldes en su época, invento la “colombiana”. Un hombre que no sabía leer ni escribir zarandeó a los ortodoxos e hizo que fuese seguido por las multitudes como si fuese un dios.
Dijo Carmen Amaya: Marchena faraón del cante, merecería ser gitano.
Tengo entre mis mejores amigos a los gitanos, -los más puros y geniales artífices de este arte tan extenso y especial, hay alguna excepción entre los payos- porque nos sublevan las distintas varas de medir de la Justicia y me pongo en su lugar por cuánto han sufrido; siendo perseguidos, vilipendiados y marginados, por supuesto: injustamente. Llegará el día que se reconozca lo mucho que han aportado.
Os podría contar que su solidaridad no tiene límites, que son auténticos y te ofrecerán si tú les correspondes hasta su sangre. Leales hasta la muerte. Eso sí, no les traiciones, porque entonces se termina para siempre la amistad.
Y aunque quizá muchos os saltéis esta página, os voy a poner un video de mi gran amigo Simón y su hermano Luis, una Institución de la familia gitana en la Serranía de Ronda. Ambos están enfermos, cada uno de distintas dolencias, a los que deseo una pronta recuperación. Tienen otros hermanos: Antonio que está en Canarias-su hijo Manolo “El Canario” también canta, a la juventud les encanta- , Juan –que se marca sus bailes-, Manolete –que también canta muy bien-, Curro y Rafael, estos dos últimos ya fallecieron.
http://www.youtube.com/watch?v=Io0GwWO-tnM
Cuando yo les escucho, la cámara no soy capaz de retenerla, se me escapa, es como si ella se quisiera también unir emocionada a este cante jondo, y quisiera bailar.
Su madre, Teresa, murió hace poco tiempo con casi 100 años. En la guerra civil fue de las personas que tuvieron que sufrir el calvario de Málaga a Almería. Crió a sus hijos yendo a buscar comida desde Algatocín hasta llegar a Estepona, a través de Sierra Bermeja, a pie con el hato al hombro. Su marido Manuel murió joven.
El que suele grabar los videos también es otro gran amigo gitano: Manuel (su padre Curro, hermano de los citados anteriormente). Como tienen esa inteligencia natural, pronto Manuel asimiló los entresijos de la cámara. Y así nos repartimos el trabajo. Claro, los ciudadanos tan contentos, porque no hay evento que se nos escape. Un hombre de una fuerza de voluntad increíble que parece está superando otra penosa enfermedad. Así y todo ha conseguido que una hija suya ya sea universitaria, -Toñita- y todo conseguido de una forma tenaz y silenciosa.
Son la gran familia Núñez; y son la vida en su sentido épico y lúdico.

Y yo más





Hay como una extraña aversión a leer o a conocer lo esencial: los clásicos, los artículos de Larra, Galdós, algo del 98, del 27…etc. y es que, seguramente, no los han leído; sin embargo, los hay que ya te mencionan los últimos libros; de los que ni siquiera se han publicado son capaces de contarte ya la historia, -se han leído alguna revista o periódico o han visto por la TV donde se comenta el nuevo evento- y ahí están ellos, haciendo ya una nueva versión. Sobre todo para sacar a relucir su vanidad: y yo más.

Existe también como una especie de vergüenza a ser pobre o sentirse pobre en el sentido monetario; a decirlo y a mostrarlo. Existe como un complejo o prejuicio que nunca se quiere sacar a relucir. En los buenos libros, también en los malos, siempre hubo pobres, incluso más que ricos.

Claro, como tampoco me explico que una persona pueda estar leyendo tantos libros a la vez. Yo me acuesto como mínimo a las 3; a las 9 me levanto y después del aseo correspondiente no me da tiempo apenas a nada. Eso sí, soy un lector muy lento y quizá escribo demasiado rápido. Pero ¡joer!, se va el tiempo en "ná".

No sé cómo se puede abarcar tanto. Con el tiempo que esperé jubilarme para apenas leerme unas cuantas páginas.
Será que uno es más lento que el caballo el malo.
Será…

07 marzo, 2012

Al borde del abismo

















Si en los momentos más amargos que he pasado en mi vida no hubiese tenido un libro, de la clase que fuera o una música o al “Loco de la colina”, posiblemente, ya me hubiese suicidado.
Cuando estaba pasando una “crisis multicolor galopante” era de los primeros en acudir a la Hemeroteca Nacional en Madrid que estaba creo en la calle Magdalena, junto a la plaza Tirso de Molina. Ahí leía los periódicos y alguna que otra revista. Después me iba a la Biblioteca Popular-Central en la calle Fuencarral, 105, 5º donde si mal no recuerdo me dejaban dos o tres libros, para que pudiera leerlos tranquilamente en una pensión de la calle San Andrés, aunque yo prefería leerlos allí, por aquello de la calefacción.
Más de una vez tenían que darme las buenas noches con un rictus entre lastimero y caritativo. Eran los tiempos de la “movida madrileña”. A mis amigos del Dos de Mayo les gustaba cantar “…mis amigos son unos atorrantes” de Serrat, al compás de una guitarra, el trasiego de cervezas y la buena yerba. A mí la fumatera me ponía cada vez más triste, muy al contrario que a mis colegas, perdí la memoria, me hizo vender cantidad de libros, hasta que un buen día pensé, recapacité, volví a buscar trabajo, lo cual siempre me ha resultado tremendamente fácil encontrar, me parece feo decirlo en estos tiempos, empezando a ver una luz que se me hacía tiniebla en pleno mediodía.
Cuánto frío me quite de encima y cuántos disgustos me evitaron los libros.


El agua: peligro de muerte.




Tenía 19 años cuando me sacaron del mar los vigilantes de la playa de Fuenterrabía en una barca, había resaca y la mar y mi inexperiencia me fueron engullendo hacia el interior cada vez más. Las pasé “canutas”; eran los tiempos en los cuales creía que ya sabía casi todo, incluso nadar, aquél día aprendí una gran lección y es que, saber las cosas a medias supone un gran peligro. Aún tengo metido el susto en el cuerpo.
Después viviendo en Estepona a la vera del mar en La Punta de la Plata,-el torero José Tomás se hizo mi vecino- jamás se me ocurrió bañarme; mojándome los pies para mí ya existe oleaje, ni siquiera mis amigos marineros consiguieron en 5 años que me subiese a sus barcos en un día tan señalado como es la Virgen del Carmen.
Otro tanto me ha pasado cuando trabajaba en Marbella y Sotogrande. Cuántos romances me he perdido por tan tremendo trauma, y los que me quedan, pues dentro de poco me iré a vivir cerca de Barbate. Ya me imagino con las nuevas amistades su “cachondeo” con el agua, que a mí me resulta una de las cosas más serias que existen en esta vida. Siempre digo que lo más sano es la ducha, claro, como evasiva.
De las playas que conozco una de la que más me gusta es La Concha, en San Sebastián, por el marco que la rodea y naturalmente por su forma, con la isla de Santa Clara al fondo.


01 marzo, 2012

He visto...


 Luciano Torres
                                                                       
Se odia sin fundamento
y se ama sin saber por qué,
así la persona ciégase
cuando el sentimiento aflora
y aunque llegue la aurora
el corazón nada ve.  
                                          
                                         

He visto  el odio frente al amor y al amor enfrentado al odio.
He visto  al hombre frente a la guerra y una guerra frente al hombre.
He visto al hombre contra mí y yo contra ese mismo hombre.
He visto los celos contra un amor y un amor contra el odio de los celos.
He visto pasar al hambre y el hambre me ha visto pasar a mí.
He visto la verde envidia y una envidia verde.
He visto irse sin pagar y no pagar siendo visto.
He visto la corrupción y a los corruptos: incorruptos.
He visto gritar, vocear, clamar y a la policía callar y atizar.
He visto pagar a quien menos tiene y  a Suiza llevárselo muchos que pueden.
He visto Paraísos Fiscales y fiscales como en un paraíso.
He visto jueces sobre injusticias y la Justicia sin juez.
He visto hombres que piden trabajo y trabajos que niegan al hombre.
He visto personas que atesoran riquezas y riquezas que atesoran pobreza.
He visto cárceles sin ricos y ricos pobres en años de cárcel.
He visto la mirada que te admira y la mirada que nunca te mira.
He visto la lisonja aduladora y la aduladora milonga.
He visto cuando tres te invitan a ver si repites y picas.
He visto quien bien te quiere te hará llorar y  llorar por no saber quien te quiere.
He visto como el tiempo pone a uno en su lugar y a otro a vendimiar.
He visto en blogs palmeros, disidentes, contestatarios, leguleyos y peloteros.
He visto en blog sabelotodo, metomentodo, consejeros y músicos-rockeros. 
He visto en blog hacer croquetas mejor que Iniesta el barceloneta.
He visto en blog cocinar, viajar, hablar y beber todo a la vez y sin parar. 
He visto en blog poetas jardineros y adioses lastimeros.
He visto en blog gente dando caña y poniendo aquello con saña.
He visto en blog pacificadores, ilustrados, abogados, retirados y jubilados. 
He visto en blog a luquiben armando la tremolina con alguna mujer muy fina.
He visto en blog a luquiben decir a un hombre su dinastía y la edad que tenía.
He visto en blog a las vecinas y sus patios y a las comadres y sus barrios.
He visto en blog que se enseña la braga de color carne y la envidia del hambre.
He visto en blog al Sr. Sieso su gracia y su ingenio como pellizco de bizco.
He visto al hombre que llora por amor y un amor que llora por un hombre.
He visto que no he provocado una crisis y la crisis me ha provocado una ruina.
He visto irse alegre a la guerra y volver después sin una triste perra.
Y he visto que siempre habrá guerra porque el interés supera al amor.
Y a ti te he de ver amor si te asomas la próxima vez entre bromas. 

                                                                                                              continuará...
                                                          Luciano Torres     

 Benarrabá                                            Homenaje a Lucio Dalla
                                                            y a Luciano Pavaroti (Caruso)
   


29 enero, 2012

La primera cita

Toledo

Habíamos chateado por Internet y de la conversación salió la primera cita.
Estábamos a mediados del mes de julio. Estando a la sombra de una palmera la vi bajar del bus y me pareció que esa mujer no podía ser la de tanta foto ocupada en el portátil. Así de primeras debía de ser más alta, sobre 1,85 cm, yo mido 1,77 cm.
Ya próximos observé su pelo; era de color castaño a juego con sus bellos ojos. Llevaba pantalones vaqueros y una camisa muy ceñida, blanca y por fuera, que le daba un tono desenfadado y juvenil.
En ese mismo momento se me pasaron mil cosas por la cabeza, entre ellas desaparecer; me parecía mucho para mí, no era lo que esperaba, no pedía tanto, solo un poco de compañía, pero fuera de querer llamar la atención con una mujer como aquella, tan llena de vida y juventud.
Hola, tú debes ser...; las gafas negras y tu raído pantalón, la gorra de presidiario, -a ver, quítatela-, sí, tu cabeza despejada, calva,  me lo confirman.
Así es. Más tú no te pareces en nada, vamos entiéndeme, que en la proximidad ganas mucho, nena.
Esta frase última la hizo reír.
Me ha gustado lo de nena. Nunca de primeras me habían llamado con tanta familiaridad.
Verás, los tímidos algunas veces decimos cosas que hacen sonreír y es muy connatural en nosotros.
Ah, pero tú eres tímido.
Más que una tortuga.
Las tortugas se esconden, es verdad, al ver a alguna persona.
No sé la razón, pero tan vulnerables no son, ni mucho menos. En el último disco de Amaral se demuestra que son más fuertes de lo que aparentan.
Sí, se titula "Salvaje" y es muy bueno; y en relación a lo primero, a lo de la timidez, cuando se dicen las cosas por lo menos se libera uno de ellas. Y eso quita mucho hierro a la cosa, porque de momento ya sabes con quien andas.
Bueno, que te gustaría hacer. 
De momento podemos ir a tomar aunque sea agua.
¡Agua! Mejor una cerveza, un café, algo que te anime.
Aquí salió ha relucir el carácter de la nena.
Oye, cuando tengo sed, yo bebo agua, y te añadiré que estoy lo suficiente animada.
Me gusta, me gusta, dije para mí.
No quise influir en tu decisión. Toma o bebe lo que desees. Solo fue una sugerencia.
Pensé, quiere dejar claro desde el primer momento, que no usa o necesita excitantes.
Fuimos al bar de la estación del bus. Ella pidió agua y yo un doble de cerveza.
Bebes, me preguntó:
Sí.
¿Fumas?
Solo cuando bebo o tomo café.
Y tomas mucho café y bebes muy a menudo.
Lo normal.
Qué es para ti lo normal.
Normal...normal...pues depende.
Depende de qué.
Ya me conocerás con el tiempo. No es cuestión de descubrirse con un interrogatorio.
Crees que lo que te estaba haciendo era un interrogatorio.
Sí. Muy directo y sin cortapisas.
Si te he molestado, disculpa.
La verdad no me gusta en absoluto que en un flash, me hagan un currículum de mis vicios.
Entiendo que debemos ir con este calor a pasear por algún parque, o meternos en un cine o bien podemos ir a ver el río Tajo, como hacen todos aquellos turistas.
Lo que vamos a hacer es ir a conocernos mejor. Donde podamos saber si somos compatibles. Vayamos a un hotel y me quedo esta noche aquí y así mañana sabremos si en realidad somos como nos decíamos en la distancia, el uno para el otro.
Toda mi corta disposición desapareció. Me vine arriba por momentos. Mi gesto dejó de endurecerse y tuve la certeza que en las distancias cortas pierdo un poco, pero ella ganaba por mí. Qué más daba quien fuera quién propusiera en primer lugar lo que ambos andabamos deseando.
A la mañana siguiente, telefoneó a su jefe, diciéndole que ampliaba el fin de semana y si no le parecía mal cogía los quince días que le debía del resto de vacaciones. Al ver su sonrisa noté que afirmativamente ese permiso le había sido concedido.
El último día me comentó que estaba en tramites de separación y que ahora más que nunca estaba a punto de cortar irremediablemente,  inmediatamente.
Yo no contaba con aquella inoportuna e incierta relación, y más cuando me dijo que yo había sido el causante de aquel desastre que se le avecinaba.
Me imploró que siguiéramos. No tenían hijos, por tanto no existía ninguna traba que no nos permitiese ser libres.
Lo siento le dije, pero no era esto lo que yo buscaba.
Y qué es lo que buscas, acaso lo sabes.
Sí, quiero vivir sin ataduras, a nada ni nadie. Quizás sea un tremendo egoísta. Lo siento otra vez, pero no he nacido para vivir con la disciplina, la virtud, la castidad, la moral, la integridad, la fidelidad, que una pareja ha de respetar, unido a las leyes domésticas.
Torció el gesto y me dijo: fuma, bebe, y sigue esa filosofía tuya que son las que hacen de este mundo que no se encuentre el verdadero amor.
De todas formas, si no eres tú, será otro. Tengo un miura en la casa, y no le pienso aguantar ni un segundo más. 
Joder que tía, pense, no se corta un pelo. Va por derecho, es legal, de las que a mí me gustan, pero...Siempre el "jodío" pero...
Ni tú ni yo, en ningún momento estuvimos enamorados. Solo existió el goce sexual, y este ha durado lo que esta relación: quince días.
Mientras duró fuimos la pareja ideal; formando un solo beso, un solo verbo, un solo cuerpo.
En la despedida me confesó que...: el marido era su jefe y se habían dado esos días de permiso para ver si en realidad estaban tan encoñados cómo se suele estar cuando la rutina va ganando a la ilusión. Cada cuatro meses ambos liberaban su sexualidad con otras personas, siempre distintas sin importar la clase social, economía ni mucho menos pudores e inhibiciones.  
Destripadores del amor romántico, sin la mayor ética. Actores del sexo, nada más, que se dedican a jugar con los sentimientos de los demás. Todo lo tenían calculado, planificado.
Si hubiese dicho sí a la relación, ella me hubiese respondido, no. Solo eran asiduos a esta clase de diabluras para tener encencida su llama débil de efusión.
A partir de entonces ligo en la cola del paro del amor, como un parado más de esta faceta; porque desde entonces he perdido aquellas dotes que creí poseía y que resultaban tan facilonas que no eran posibles fuesen reales, ciertas. 
Cuando fui a pagar el hotel me dijo: El hotel está pagado -hizo la reserva mi marido-, desde el primer día hasta hoy, de ello se encarga la sociedad de gananciales que tenemos y con la cual nos divertimos.
Respiré hondo, tragué saliva y mala leche...Al final vimos el río Tajo; yo no sabía si tirarme a él sin saber nadar o tirarla a ella más que supiera; mientras el agua discurría lenta por su cauce llevando nuestra sucia pasión a morir al mar y nuestros chat a la papelera del olvido.